Tokio, día 1

Tokio, siete de la mañana. El sol esta saliendo y se cuela entre las cortinas de mi minúscula pero cómoda habitación de hotel. Escribo en un escritorio pequeño en el que hay un teléfono, un set de te, un calentador de agua, un router y una TV plana de 14 pulgadas. Aquí todo es pequeño pero denso, lleno de funcionalidad. Bajo el escritorio hay una linterna de emergencia, se supone que debo meterme ahí en caso de terremoto.

Llegué ayer al mediodía al aeropuerto de Narita. Todo era silencio y zen. Hubiera jurado que la música ambiente era “Music for Airports” de Byran Eno. Como una película de ciencia ficción. Narita es el espacio público más silencioso que he visto en mucho tiempo, lleno de gente, pero todo el mundo en silencio, tapandose la boca si tenían que hablar por el móvil.

Llegar al hotel no fue excesivamente complicado. Me armé de valor y no pillé ni un solo taxi. Del aeropuerto a la ciudad en tren y de la estación al hotel en metro. En el tren grabé un par de videos para recordar cómo son las afueras de la ciudad, las casas, etc.

Sólo me ha dado tiempo de pasear por el barrio del hotel, Asakusa. Según las guías es un barrio normal, de gente normal, empresas normales y algunas tiendas tradicionales Recomendable para pasear sin rumbo y para comprar souvenirs. A mi me llamaron la atención dos cosas: apenas hay extranjeros y está lleno de sitios donde comer.

Me propuse cenar en un sitio “de japoneses” pero no fue difícil porque no había otra cosa. Al final opté por un restaurante pequeño y algo cutre, de esos humeantes y vaporosos donde sirven platos gigantes de sopa de fideos, empanadillas gyoza y cosas así. Esta fue mi cena:

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Los camareros no hablan inglés, por suerte son muy serviciales y suelen tener reproducciones en plástico de los platos que sirven. Es la mejor garantía para saber lo que vas a comer. Y también sirve para elegir de forma visual, cuando no te entiendes con el camarero. Este es un ejemplo de cómo lucen muchos restaurantes por fuera:

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Hay algo que me tiene desconcertado: nadie me mira por la calle, nadie se cruza una mirada conmigo, es como si lo evitasen. Mientras paseaba me propuse forzar un poco la situación a ver si era sólo una impresión mia o era cierto, durante un par de horas estuve mirando a la gente un poco descaradamente a ver si me devolvían la mirada. Nada. Sólo unas dos o tres personas me correspondieron. Y me extraña, porque a un guiri se le mira en todas partes. Tengo que averiguar si hay algo de costumbre o educación en todo eso.

Hoy a las 12h veo a Chie. Es una amiga de una amiga que vive en Berlín pero es de Tokyo y está aquí pasando las vacaciones. Ella me va a llevar de paseo por la ciudad, no sé muy bien dónde. Me preguntó que qué quería ver y le dije que me llevara a donde ella quisiera, a algún sitio que le guste especialmente. Tengo bastante curiosidad. Y visto el grado de interacción de los japoneses con los extranjeros (tirando a nulo) creo que puede estar bien hablar un rato con alguien. No tendré muchas oportunidades estos días.

Ahora a la ducha, a ver si se me quitan las ojeras y me desentumezco un poco, que el día va a ser largo.

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